Una Voz Interior: la voz del corazón de Dios

Salmo 27:8 Una voz interna me dice: ¡Busca a Dios! Por eso te busco, Dios mío. 

Mientras preparaba el orden de lo que cantaría el grupo de adoración, leía la Biblia buscando la inspiración y dirección que me llevarían a cada canción.  En el transcurso de la búsqueda llegué hasta el verso 8 del salmo 27.  Les confieso que tuve que leerlo unas cuantas veces más. No porque no lo entendía, sino porque cada vez que lo leía es como si recibiese luz de Dios. 

Resulta que para nosotras las mujeres hay días que son increíblemente buenos, otros son pura rutina, pero también tenemos de esos días que deseariamos que jamás hubiesen sucedido.  Ni mencionar cuando nuestras hormonas no son nuestras mejores aliadas o cuando el estrés nos está haciendo enloquecer.  Muchas de nosotras vivimos la vida a 100 millas por hora: estudios, trabajo, iglesia, vida social, familia y no sé cuantas cosas más puedan sumarse a al “To-do list” 

Claro, todo esto es lo que normalmente nos ocurre. Pero también llegan esos momentos que nos mueven el piso, aquellos que seguramente jamás pensamos atravesar. Quizá nunca pensaste que perderías tu trabajo o a tu pareja que era para toda la vida.  Tal vez has tenido que enfrentar un diagnóstico médico inesperado o simplemente estás experimentando lo que podría ser el peor momento de tu vida.  Entonces te preguntas ¿De dónde consigo las fuerzas para buscar a Dios si no tengo ninguna?  ¿Cómo hago para mantener mi comunión con Dios si mi mente está tan abrumada?

El salmista también pasaba por un momento de persecución y mientras cantaba ese himno expresado en el salmo 27, mostraba su dolor y su necesidad de protección. Pero hubo algo en David que cautivó mi corazón y es que en medio de su crisis, su corazón, el cual era conforme al corazón de Dios, le permitía declarar victoria y expresiones de gratitud por el favor de Dios, aunque aún no hubiese visto ningún cambio en su panorama.  

Así como en el interior de David, en nuestro interior habita la persona del Espíritu Santo que nos consuela y nos fortalece en nuestros peores momentos. Esta es la voz que nos invita a buscar a Dios, aunque nuestro corazón esté quebrado.  Esa voz siempre estará dispuesta a expresarnos lo que necesitamos escuchar y será tan fuerte, aún más fuerte que nuestras peores tormentas. 

Cuando te sientas abrumada y no encuentres las fuerzas para buscar a Dios, has esta oración de gratitud:

 

Padre, gracias por tu gracia. 

Gracias porque aún en medio de mi tormenta puedo oír tu voz.

Gracias porque aún cuando mis fuerzas pierden vigor, la voz de tu espíritu me fortalece.

Gracias porque aunque sienta temor, tu voz me da seguridad y me hace descansar.

Afina mi corazón para que siempre pueda escucharte. Guíame a tu presencia y enséñame a escuchar tu voz. 

Amén.